EDITORIAL: Saber perder

SPRINGFIELD, Tenn. (BP) -- ¿Ha perdido usted algo recientemente? Las llaves, el teléfono, una cosa, un trabajo, una relación, pelos de la cabeza, etc. Si no ha perdido nada, ¡qué bendición! Prepárese, perder es parte de la vida. El perder puede desorientarnos, dejarnos confundidos y desesperanzados. Sin embargo, podemos aprender a saber perder.

Saber perder es aprender a descansar en Cristo no importa lo que pase. En las Escrituras, Job no es solo el libro que desarrolla más ampliamente lo que los teólogos y filósofos llaman "el problema de la maldad" o bien "teodicea" sino también nos ayuda a manejar bien las pérdidas. En otras palabras, nos enseña a perder.

Es fácil esperar en Dios cuando todo está bien y a la vida no le falta nada. ¿Cómo debe reaccionar un creyente ante una pérdida repentina? Job nos da el modelo a seguir para "cuando os halléis en diversas pruebas", cuando perdamos algunas cosas. Su vida nos enseña por lo menos tres cosas:

Primero, podemos esperar en Dios aunque perdamos cosas materiales. Job era un hombre muy rico en posesiones. Era un modelo en la conducción de su hogar. "Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito, y vino un mensajero a Job, y le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos, y acometieron los sabeos y los tomaron, y mataron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para darte la noticia" (Job 1:13-15, RVR 1960).

El tener bienes materiales tiene como fin la prosperidad de la familia. ¿Hay algo malo en poseer bienes materiales? ¡No! La Biblia avala el que seamos prosperados en todo lo que emprendamos. Todo lo que Job había acumulado, producto de su trabajo y de su temor a Dios, en un solo momento lo perdió. Pero en medio de esa inmensa pérdida su fe no sucumbió. Confió en Dios y siguió adelante.

En segundo lugar, podemos esperar en Dios aunque perdamos seres queridos. Después de perder sus bienes materiales, que incluían sus propios siervos, ahora le tocaba a su familia, sus seres queridos. La familia es un bien muy preciado. La Biblia dice: "Cosa de estima el fruto del vientre" (Sal. 127:3,4). Ellos son un gran tesoro terrenal. La pérdida de un hijo es algo trágico. Escuche al mensajero que le avisó de la tremenda desgracia: "Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia" (Job 1:18-19).

¿Cuál sería su reacción ante una noticia como esta? ¿Cómo quedaría su fe si sabe que su familia ha sido devastada? La reacción de Job fue una mezcla de consternación y de adoración al mismo tiempo. Solo un hombre de Dios puede hacer esto. ¿Recuerda como Job reconoció a su Dios en todo? "y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno" (Job 1:21-22).

En tercer lugar, podemos esperar en Dios aunque perdamos la salud. "Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia" (Job 2:4-5). Si bien es cierto que los bienes materiales se pueden reponer, y aún podían venir otros hijos, pues los primeros estaban con el Señor, el ser tocado por una enfermedad espantosa como la que Satanás le trajo, tenía como fin llevarlo a blasfemar contra Dios. Pero la respuesta que Job da nos indica la magnitud de una fe que se crece aún en los peores momentos.

Ponga atención. Esto fue lo que dijo después: "He aquí, aunque él me matare, en él esperaré; No obstante, defenderé delante de él mis caminos …" (Job 13:15). Leyó bien. "¿Aunque Él me matare?" Una enfermedad terrible puede ser la más grande prueba para saber que tanto amamos a Dios. Es en el dolor intenso que comprobamos si todavía esperamos en Dios. Se cree, por el término usado, que Job fue atacado por una "ulcera" que tenía la función de desmembrar la piel; de allí el instrumento que usaba para rascarse. El cuerpo de aquel cristiano consagrado, quien seguro lo mantenía en buena forma debido a sus disciplinas espirituales, ahora era alguien que no se reconocía. Su dolor se combinaba con un apestoso olor.

Satanás usó tres misiles poderosos contra Job: La destrucción de todas sus riquezas, la muerte de sus diez hijos y ahora una penosa enfermedad. Con todo, mantuvo su fe e integridad. Las pérdidas no lo separaron de Dios. Más bien, fortalecieron su fe. Desde la perspectiva divina, la lección es que Dios es glorificado aun cuando perdemos. Al final, Dios gana. Su ejemplo nos enseña a cómo vivir en sumisión a las circunstancias que Dios permite. Podemos perder bien, aun cuando los propósitos divinos se desconozcan y el sufrimiento y la maldad lleguen injustamente. Al prepararnos para celebrar el día de Acción de Gracias, agradece al Creador y Dador de toda buena dádiva que aún en las pérdidas Él se glorifica.

Luís R. Lopez es coordinador de ministerio Hispano en la Asociación Bautista del Condado Robertson en Springfield, Tenn.
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